27 de julio de 2008, en la casa de Domingo de Guzman se respira optimismo. La Congregación de Dominicas de la Enseñanza estrena un nuevo día con la mente muy abierta y el corazón bien dispuesto para acoger las conclusiones, que el IX Capítulo de la Congregación propone, como tarea a realizar en el próximo cuatrienio. Se han formulado algunas prioridades, por parte de las diferentes comisiones, entre las que destacan las siguientes:
Vivir con hondura el seguimiento de Jesús desde la nueva espiritualidad: cuidar la interioridad, recrear el carisma y afianzar nuestra experiencia de Dios para que brote en nosotras una nueva forma de ver, pensar, sentir, orar y estar en el mundo.
2. Ser comunidades fraternas: acompañarnos personal y comunitariamente en el camino de la vida para favorecer nuestro crecimiento humano y espiritual y ser comunidades predicadoras.
3. Apostar por la Formación Inicial y por los Equipos de Formación. Ser comunidades formadoras y dedicar recursos y medios para la formación en cada una de las etapas.
4. Seguir creciendo en el proceso de integración de los laicos en la Congregación, mediante la participación, formación y acompañamiento.
5. Potenciar la Pastoral de Proceso e implicarse en la Pastoral Juvenil Vocacional.
6. Asumir un papel activo en relación a modos alternativos de gestionar nuestra economía: Banca Ética, fondos de inversión, consumo responsable,…
7. Intensificar la formación en la misión para que nos ayude a vivir el presente y el futuro con identidad dominicana, en misión compartida, comprometidas en la transformación del mundo.
Para terminar, la Hna. Luz Ortigosa Gambra, Priora General de la Congregación, dirige unas palabras a toda la Asamblea y con ellas, declara clausurado el IX Capítulo General de la Congregación. El mensaje que encerraban sus palabras fue el siguiente:
“Desde este lugar de amplio horizonte, cuna de Santo Domingo, origen de nuestras raíces dominicanas, desde donde contemplamos nuestra historia congregacional -“la historia de una pasión”-, quiero dirigirme a todas vosotras, hermanas capitulares, en este momento en el que estamos llegando al final de este IX Capítulo General.
Ha sido un regalo el poder encontrarnos en este momento en las fuentes y raíces de nuestro carisma y haber vivido juntas estos días de oración, estudio, reflexión, discernimiento,… donde hemos tejido caminos de futuro desde el diálogo entre el pasado y el cambio, porque…lo importante es traspasar el umbral –como nos decía Antonieta- y, con actitud contemplativa, saber estar en la historia con una actitud itinerante, positiva y agradecida.
La historia de nuestra Congregación, como la de Domingo, es la “historia de una pasión”, una pasión que nos lleva a seguir una gran luz y a extenderla; a concentrar toda la intensidad en el origen y a desplegar su luminosidad en la lejanía; a descubrir cómo la fuerza del Espíritu que lo cubre todo, va desvelando nuevos horizontes; a vivir este momento histórico con sabiduría tratando de tejer, en diálogo con la humanidad, otro mundo posible.
Éste es un momento de bendición y una oportunidad para dar gracias por nuestra historia. Somos mujeres en búsqueda, abiertas al asombro, impulsadas a vivir la explosión de vida y el sueño de Dios.
Y estamos llamadas a encontrar nuestra historia, caminando; a revitalizar, recrear y hacer crecer el carisma en nosotras y en la Congregación redescubriendo los pilares importantes del mismo. Ser fieles al Carisma es ser fieles a la dignidad de la humanidad en cualquier cultura que nos encontremos. Nuestra responsabilidad, como capitulares, es devolver a todas las hermanas de la Congregación las ganas de vivir y reavivar el gozo de pertenencia a la Congregación.
La profecía nos pertenece a todas las que estemos empeñadas en acompañar a la historia hacia su sentido pleno.
Hoy se nos pide un modo diferente de estar en la historia, una forma de pensar desde la itinerancia mental, estructural y de misericordia. Y, en relación a esto, quiero recordar las siguientes palabras de nuestro hermano Felicísimo Martínez:
“Dios no quiere que miremos su rostro, para que no miremos en la dirección contraria a su mirada. Él quiere que miremos al mundo y a la humanidad en la misma dirección y con la misma perspectiva que Él los mira. Por eso, nos pide que caminemos tras Él y, desde su espalda, miremos en la misma dirección y con la misma dirección que Él mira, ver la realidad como Dios la ve, atinar con el sentido que Dios ha dado a esta creación y a esta humanidad, contemplar el mundo y a los seres humanos con los mismos ojos con los que Dios los mira”.
Contemplando la trama del tapiz que nos ha acompañado durante todo el Capítulo General, lo que se nos pide en este momento es concentrar nuestra mirada en los hilos y mirar cómo se entrecruzan. Es todo un arte de reconstrucción. En otros momentos de la historia, la mirada se dirigía a los puntos principales del inicio de la trama de los hilos, hoy se mira el camino que siguen los hilos que se entrecruzan, los detalles de la historia que nos dan posibilidad a las personas de ser protagonistas de nuestra propia historia.
Estamos llamadas a vivir en profundidad, con hondura, a salir al encuentro de ese Misterio que nos habita, a fortalecer nuestras Relaciones, a ser comunidades fraternas, a acompañarnos personal y comunitariamente en el camino de la vida.
Como Domingo, queremos tener como eje de nuestra vida la Palabra. Estamos llamadas a dejarnos interpelar por ella, a vivir desde dentro. Hay algo más y ese algo más está dentro de nosotras. Estamos llamadas a vivir nuestra espiritualidad dominicana con ojos nuevos, a celebrar la cotidianeidad de la vida teniendo como centro la contemplación y la oración, la Palabra y las palabras.
Celebrar la vida es descubrir que Dios habita en nuestra historia. Descubrir su presencia en nuestra Congregación, una vez más, es agradecer a Dios la oportunidad que nos ofrece de vivir este momento como un acontecimiento especial, único, como un don que Él nos regala.
Al final de la celebración de este IX Capítulo General, donde se entrecruzan el presente y el futuro (un presente que nos da a gustar el pasado ya maduro y que nos revela el futuro que está naciendo en el mismo instante en que lo saboreamos), quiero expresar un agradecimiento profundo a todas las hermanas de la Congregación, a vosotras con las que he podido compartir diferentes experiencias durante estos días, a todas las hermanas que están en las comunidades y que han estado cerca de nosotras y a todos los laicos que han estado presentes de diferentes formas en este acontecimiento congregacional.
Animadas e impulsadas por el Espíritu, avancemos en este camino de la vida guiadas por la Luz que descubre horizontes e ilumina nuevas sendas.
Gracias por todo.
Con este agradecimiento
DECLARO CLAUSURADO EL IX CAPÍTULO GENERAL DE LA CONGREGACIÓN
Hna Luz Ortigosa
Priora General
Caleruega, 27 de julio de 2008”
Como broche final, a las 12 del mediodía nos dimos cita en la Capilla Estrellada donde celebramos la Eucaristía de Clausura del Capítulo, una eucaristía de Acción de Gracias por todo lo vivido, reflexionado, dialogado y trabajado a lo largo de estos días. El P. Vicente Borge O.P. presidió la celebración que estuvo cargada de emotividad por el camino recorrido por la Congregación a lo largo de estos años y por el futuro que se nos ofrecía en medio de este marco dominicano incomparable.









